Semana I: Facebook groggy, Internet descentralizado y Europa perdida

Facebook ha pasado por muchos escándalos antes pero el de Cambridge Analytica le está haciendo daño de verdad. El movimiento #DeleteFacebook está cobrando fuerza. Elon Musk ha borrado la cuenta de Tesla. Brian Acton, cofundador de WhatsApp, y que se hizo rico gracias a Facebook ha animado, en Twitter, a borrar Facebook. Parece que se le tenían muchas ganas a Zuckerberg y ahora se ha abierto la veda.


El tema Facebook ha reavivado un debate que hasta ahora ha tenido muy poca visibilidad, el del cambio de paradigma para Internet, pasar del modelo cliente-servidor en el que la información se sirve desde supernodos (Google, Facebook, Netlfix, Amazon) a un modelo descentralizado en el que la información puede ser servida desde cualquier punto de la red, lo que algunos llaman “information centric network”. Wired UK publicó hace poco un artículo en el que se hablaba de esto. Enlace.


Mastodon una red social que usa este paradigma y que está ganando usuarios preocupados por su privacidad (el mismo nicho de DuckDuckGo).


Europa corre el riesgo de quedarse atrás como potencia tecnológica dice el titular del MIT Technology Review. China y Estados Unidos están dominando la carrera por dominar las tecnologías que marcarán el futuro. Mientras, en el viejo continente estamos inmersos en un proceso de regreso a la caverna identitaria.  Bloomberg

Facebook, y no Rusia, puso a Trump en la presidencia

¿Fueron los rusos los culpables de que Trump llegase a la presidencia? Según Antonio García Martínez, no. Para él, el culpable no está en ningún edificio secreto a las afueras de Moscú, sino en una supermoderna oficina de Menlo Park en el Silicon Valley. Es decir, el culpable es Facebook.

Antonio García Martínez es un antiguo directivo de Facebook responsable del desarrollo de varias de las herramientas de segmentación que Trump usó durante su campaña. Según el artículo que publicó en Wired la semana pasada, los data scientists de Trump supieron jugar sus cartas mucho mejor que los de Hillary y consiguieron que sus anuncios llegasen a la gente adecuada, de manera masiva y a una fracción del coste.

Los detalles de cómo lo consiguieron los explica García Martínez muy bien en su artículo.

HOW TRUMP CONQUERED FACEBOOK—WITHOUT RUSSIAN ADS

Lo que realmente sorprende, y preocupa, es lo fácil que es usar una plataforma tan poderosa como Facebook como herramienta de propaganda.

Facebook usa nuestros datos para crear perfiles ideológicos y los pone a disposición del mejor postor. Dependiendo de las páginas que visitamos, de los amigos con los que interactuamos, de nuestras compras, de nuestros Me gusta, pueden averiguar, con una precisión muy alta, si somos indecisos. Esta herramienta es poderosísima para los partidos políticos ¿alguien controla esto? ¿algún juez ha pedido ver el algoritmo? ¿alguna Junta Electoral ha iniciado una investigación? ¿alguna agencia de protección de datos se ha parado a investigar la amenaza que esto supone para la privacidad?

Las cadenas de televisión, cuyo alcance y eficacia publicitaria están disminuyendo a marchas forzadas, tienen que cumplir con reglas muy estrictas para sus espacios electorales. Sin embargo, una plataforma como Facebook con 2,000 millones de usuarios y las herramientas de segmentación más poderosas, no tiene ningún tipo de limitación legal.

Es hora de que se le meta mano a los gigantes. Si una tienda de barrio se olvida de poner el banner de las cookies en su web, le puede caer una multa. Pero nadie hace nada cuando Facebook rastrea no solo lo que hacemos dentro de su plataforma sino también fuera.

Internet se está convirtiendo en un espacio dominado por las redes privadas masivas con Facebook (dueña también de Instagram y WhatsApp) y Google (AdWords, Maps, YouTube). Los sueños iniciales de un Internet abierto y democratizador se están quedando en eso, sueños.

Cómo multiplicar tu productividad con Wunderlist

Durante mucho tiempo he tenido un problema de organización. Las tareas se me acumulaban y me costaba mantenerlas ordenadas y bajo control. Esto me llevaba a perder tiempo y a dejar cosas importantes sin hacer.

Probé muchísimas apps de organización de tareas pero no conseguía mejorar. Hasta que me di cuenta de que el problema no eran las apps sino yo.

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Lo que los Oscar nos pueden enseñar sobre el mal uso de las redes sociales

¿Alguien se imagina a Messi o Ronaldo jugando la final de la Champions League mientras tuitean con un móvil en la mano? Pues algo parecido ocurrió hace unos días en la ceremonia de los Oscar.

Ya sabemos todos los detalles del desastre que dio la vuelta al mundo en la madrugada del domingo al lunes. La culpa de que se anunciase por error a La La Land como ganadora del Oscar a la mejor película fue de un auditor de PriceWaterhouseCoopers que entregó el sobre equivocado a los presentadores Faye Dunaway y Warren Beatty.

En una información de Variety que también recoge Washington Post, se ve como el auditor, responsable de entregar los sobres con los nombres de los ganadores, estaba tuiteando con su móvil entre bambalinas justo antes de entregar el sobre equivocado.

¿Cómo es posible que alguien que está haciendo un trabajo de repercusión mundial se permita estar tuiteando al mismo tiempo? Supongo que su posición privilegiada en el backstage le hizo caer en la tentación de ser la persona que tuitease la primera foto de los ganadores con su estatuilla ¡Qué cool!

El problema es que queriendo ser el más cool, ha acabado por hacer el ridículo más espantoso y además ha arruinado la noche a muchas personas: Warren Beatty, con su cara de bochorno que pasará a la historia, al equipo de La La Land, al de Moonlight… En fin, que la lió parda.

Y todo esto por ser el primero en tuitear una foto borrosa de Emma Stone.

No es necesario compartir todo inmediatamente en redes sociales, sobre todo cuando tenemos algo muy importante entre manos ¿para qué estar mirando a una pantalla cuando tenemos delante a las mayores estrellas del cine del mundo?

En redes sociales solemos cometer tres pecados capitales:

  • No disfrutar del momento que vivimos.
  • No concentrarnos en lo que estamos haciendo.
  • Dar rienda suelta a nuestro narcisismo en las redes.

El auditor cometió los tres a la vez. Dio muestras sobradas de narcisismo (no paró de hacerse selfies en al alfombra roja y se ofreció a los productores para hacer un sketch), no disfrutó del espectáculo que tenía alrededor (su expresión ausente y con la cabeza agachada mientras tuitea es patética) y, sobre todo, dejó de concentrarse en lo único que debería haber ocupado su cabeza esa noche ¡entregar el sobre correcto!

En este caso puede haber otras razones para explicar su comportamiento: el auditor incluía en sus tuits la etiqueta #pwc para promocionar a su compañía, la vanidad de ser el primero, esa descarga de adrenalina cuando le das al botón de enviar…

Sea cual sera la razón o razones, quedará como un aviso sobre el mal uso de las redes sociales y me deja unas cuantas lecciones:

  • No hace falta compartir todo.
  • Si compartimos algo, no es necesario que sea en tiempo real.
  • Hay que ser auténticos, compartir aquello que nos salga del corazón, no aquello que creemos que nos hará más populares.
  • Y sobre todo, dejar las redes sociales aparcadas cuando tenemos algo importante entre manos.

 

 

 

El efecto mariposa de Amazon Web Services

Ayer se cayó Amazon Web Services (AWS) , el mayor proveedor de hosting y cloud computing del mundo y la rama más rentable de Amazon (beneficios de 3,100 millones de dólares). Y con AWS se cayeron las miles de páginas, apps, tiendas online, clientes de correo y demás servicios digitales que dependen de ella.

Entre las víctimas del outage estuvieron IFTT, una app que permite conectar servicios entre sí y que algunos usan, por ejemplo, para encender y apagar las luces de su casa. O la App de correo Newton, una de las más populares para aumentar productividad en email. Incluso algunas webs que yo mismo gestiono para clientes y que alojo en su servicio S3 también desaparecieron.

AWS está detrás de muchísimas cosas en Internet así que la caída provocó una especie de efecto mariposa. Un problema de computación Oregón acaba por dejar a alguien sin calefacción en Segovia. Sin carta de embarque en Tokio. Sin tu periódico favorito en Buenos Aires. Sin tu partida en red en la Play Station. Sin que tu pedido llegue a tiempo para mañana.

Vivimos en un mundo interconetado. El efecto mariposa digital.

¿Puede la democracia sobrevivir a Internet?

“Los medios de comunicación son necesarios para que una democracia se mantenga sana”. Esta es una frase que se está repitiendo mucho sobre todo por dos razones: los ataques de Trump a los periodistas y la amenaza de las redes sociales a los medios tradicionales.

Pero el problema no es la falta de medios de comunicación sino la sobredosis de fuentes de información que se confunden y entremezclan hasta formar una avalancha de ruido del que es difícil sacar algo coherente.

Internet ha democratizado la comunicación de masas y democratizar es, en principio, algo bueno. Pero ¿lo es realmente?

Noticias falsas y odio

Hace tan solo unos meses, durante la campaña de las elecciones americanas, unos adolescentes macedonios se dedicaron a publicar noticias falsas en blogs caseros sobre Trump y Clinton y a compartirlas en grupos de Facebook. Se forraron gracias a los millones de visitas que recibieron y al programa de publicidad Google AdSense.

Hace tan solo unas semanas el YouTuber con más suscriptores del mundo PewDiePie fue expuesto en un artículo de Wall Street Journal en relación a su utilización de simbología y expresiones antisemitas en sus vídeos.

Grupos que promueven el odio y el racismo dominan los resultados de Google para determinado términos de búsqueda y consiguen propagar sus ideas a una audiencia masiva como el caso del término “¿Ocurrió realmente el holocausto?” para el que el primer resultado era una página en la que se decía que era una invención.

Los ejemplos de contenidos falsos y que promueven el odio pero que llegan a una audiencia masiva son incontables y todos tienen algo en común: usan las nuevas plataformas digitales para transmitir su mensaje y, además, se lucran de ellas.

Fake news de celebrities

El mecanismo es el siguiente: yo sé que la gente tiende a hacer clic en las noticias más escandalosas, sobre todo si tienen que ver con famosos. Así que me invento una (un embarazo, un separación…) para conseguir que el mayor número de personas posible visite mi noticia. Mi página está asociada a Google AdSense y por cada visita me llevaré un poco de dinero (si consigo el suficiente volumen, puedo llegar a ganar bastante pasta).

Me importa un bledo que me pillen, no tendré que devolver nada.

Un ejemplo de fake news de celebrities reciente son las falsas muertes de famosos que incluyen a Miley Cyrus, la reina de Inglaterra o el fundador de Playboy Hugh Hefner. Las fake news de famosos no son nuevas, pero ahora se pueden monetizar desde el salón de tu casa.

El fin de la corrección política

Aunque la corrección política a veces pueda ser un poco ridícula, acabaremos por echarla de menos. Si en la era preInternet se llevaba el ser correcto y comedido, ahora se lleva ir a lo bestia. Si antes alguien que odiaba a un colectivo en concreto (homosexuales, negros, gitanos) se lo tenía callado, ahora se envalentona porque ve que no está sólo/sóla, que no pasa nada si predicas tu odio a los cuatro vientos por Facebook, Twitter o Snapchat.

Sitios que han hecho de la incitación al odio su seña de identidad como Breitbart en Estados Unidos han acumulado tanto poder que han llegado hasta la propia Casa Blanca (su fundador es el consejero principal del nuevo presidente).

¿A dónde quiero llegar con esto? Pues la conclusión es que esto se nos está yendo de las manos y es hora de que se ponga un control. El problema es que controlar esto es muy difícil. Censurar Internet es una tarea imposible por el volumen de información y de fuentes a menos que se cape el acceso como en el caso chino y esa no sería una solución sino un problema mayor.

Si alguien tiene el poder de hacer algo es Facebook, Google, Twitter y las demás grandes plataformas que distribuyen la mayor parte de la comunicación digital. Su labor será muy complicada pero están ganando mucho dinero y es su responsabilidad tomar medidas.

¿Por qué es un peligro para la democracia?

  1. Porque este fenómeno favorece la difusión masiva de posiciones extremistas.
  2. Porque las redes sociales tienden a crear silos ideológicos (seguir sólo a quien piensa como nosotros y refuerza nuestras posiciones) y no fomenta el debate constructico sino el linchamiento colectivo.
  3. Porque cada vez tenemos menos confianza en los medios de comunicación, algo que aprovechan los políticos para desacreditar cualquier información que les perjudique (esto lo hace mucho Trump).
  4. Porque ser riguroso no es rentable con el actual modelo publicitario basado en el clic (¿para qué pasarme semanas preparando un artículo de investigación cuando voy a recibir más clics con una galería de famosos y sus operaciones de estética?).

El enfado diario

Uno de los efectos secundarios (o quizá primarios) de las fake news y de la incitación al odio es que sacan lo peor de las personas. Ese tweet deseándole la muerte a alguien, esa noticia negando el cambio climático, ese fotomontaje cutre de Facebook riéndose de alguna minoría… pueden acabar por amargarte el día y aunque sólo sea para que la gente no esté un poco más enfadada y triste cada día, hay que hacer algo.

Este rollo será el último en una buena temporada, a partir de ahora me enfocaré en temas de productividad, un tema que me está enganchando cada vez más.

 

 

¿¡Por qué no arranca el e-ink!?

Hoy le he echado un vistazo al siempre muy interesante newsletter de Benedict Evans y un artículo me ha llamado la atención. Se trata de uno en el que Pew Research Center analiza las tendencias de lectura de los estadounidenses. Las conclusiones son que la cantidad de gente que lee libros en tablets y smartphones crece ligeramente, la que lee en ebook readers se estanca y que el libro de toda la vida sigue siendo el formato de lectura preferido.

Encuentro estos datos sorprendentes. Soy un lector de ebook reader desde hace muchos años, incluso antes de que estuviesen disponibles fuera de Estados Unidos (me compré un Kindle desde el Amazon americano que tuvo que pasar por aduana allá por 2009) y debo decir que soy un rendido admirador de la e-ink. Sin embargo, no acaba de despegar.

Para mí las ventajas son evidentes:

– Puedo descargarme cualquier libro que me interese en cualquier momento y en cualquier lugar.
– Puedo llevarme un montón de libros para leer a cualquier lugar sin cargar ningún peso.
– Puedo leer cómodamente en una habitación completamente a oscuras (en mi Kindle Paperwhite con un sistema de iluminación impecable).
– Puedo permitirme comprar más libros porque generalmente son más baratos que la versión en papel.
– La teconología no deja de mejorar y de mi primer e-reader al que tengo ahora la experiencia es mucho mejor (espero cambiarlo en los próximos años por uno todavía mejor como el Oasis que parece el Ferrari de los Kindle).
– Puedo buscar rápidamente cualquier palabra en el diccionario y construirme un vocabulario para repasar.

Como se puede ver, soy un fanboy de los e-reader.

Aún así puedo ver algunas desventajas:

– Adiós a las portadas que tengo que reconocer que le dan mucho encanto a los libros.
– Adiós al libro como objeto y como pieza decorativa.
– Adiós a prestar libros.
– Adiós a subrayar y sobar los libros (se puede hacer algo parecido en un ebook pero no es lo mismo).

Todo esto es de valorar y se pierde, pero para mí las ventajas tienen más peso que los inconvenientes.

Una excepción: si me tengo que comprar un libro sobre un tema profesional o académico que me quiera “chapar” no hay nada que pueda igualar al papel.