“Los medios de comunicación son necesarios para que una democracia se mantenga sana”. Esta es una frase que se está repitiendo mucho sobre todo por dos razones: los ataques de Trump a los periodistas y la amenaza de las redes sociales a los medios tradicionales.

Pero el problema no es la falta de medios de comunicación sino la sobredosis de fuentes de información que se confunden y entremezclan hasta formar una avalancha de ruido del que es difícil sacar algo coherente.

Internet ha democratizado la comunicación de masas y democratizar es, en principio, algo bueno. Pero ¿lo es realmente?

Noticias falsas y odio

Hace tan solo unos meses, durante la campaña de las elecciones americanas, unos adolescentes macedonios se dedicaron a publicar noticias falsas en blogs caseros sobre Trump y Clinton y a compartirlas en grupos de Facebook. Se forraron gracias a los millones de visitas que recibieron y al programa de publicidad Google AdSense.

Hace tan solo unas semanas el YouTuber con más suscriptores del mundo PewDiePie fue expuesto en un artículo de Wall Street Journal en relación a su utilización de simbología y expresiones antisemitas en sus vídeos.

Grupos que promueven el odio y el racismo dominan los resultados de Google para determinado términos de búsqueda y consiguen propagar sus ideas a una audiencia masiva como el caso del término “¿Ocurrió realmente el holocausto?” para el que el primer resultado era una página en la que se decía que era una invención.

Los ejemplos de contenidos falsos y que promueven el odio pero que llegan a una audiencia masiva son incontables y todos tienen algo en común: usan las nuevas plataformas digitales para transmitir su mensaje y, además, se lucran de ellas.

Fake news de celebrities

El mecanismo es el siguiente: yo sé que la gente tiende a hacer clic en las noticias más escandalosas, sobre todo si tienen que ver con famosos. Así que me invento una (un embarazo, un separación…) para conseguir que el mayor número de personas posible visite mi noticia. Mi página está asociada a Google AdSense y por cada visita me llevaré un poco de dinero (si consigo el suficiente volumen, puedo llegar a ganar bastante pasta).

Me importa un bledo que me pillen, no tendré que devolver nada.

Un ejemplo de fake news de celebrities reciente son las falsas muertes de famosos que incluyen a Miley Cyrus, la reina de Inglaterra o el fundador de Playboy Hugh Hefner. Las fake news de famosos no son nuevas, pero ahora se pueden monetizar desde el salón de tu casa.

El fin de la corrección política

Aunque la corrección política a veces pueda ser un poco ridícula, acabaremos por echarla de menos. Si en la era preInternet se llevaba el ser correcto y comedido, ahora se lleva ir a lo bestia. Si antes alguien que odiaba a un colectivo en concreto (homosexuales, negros, gitanos) se lo tenía callado, ahora se envalentona porque ve que no está sólo/sóla, que no pasa nada si predicas tu odio a los cuatro vientos por Facebook, Twitter o Snapchat.

Sitios que han hecho de la incitación al odio su seña de identidad como Breitbart en Estados Unidos han acumulado tanto poder que han llegado hasta la propia Casa Blanca (su fundador es el consejero principal del nuevo presidente).

¿A dónde quiero llegar con esto? Pues la conclusión es que esto se nos está yendo de las manos y es hora de que se ponga un control. El problema es que controlar esto es muy difícil. Censurar Internet es una tarea imposible por el volumen de información y de fuentes a menos que se cape el acceso como en el caso chino y esa no sería una solución sino un problema mayor.

Si alguien tiene el poder de hacer algo es Facebook, Google, Twitter y las demás grandes plataformas que distribuyen la mayor parte de la comunicación digital. Su labor será muy complicada pero están ganando mucho dinero y es su responsabilidad tomar medidas.

¿Por qué es un peligro para la democracia?

  1. Porque este fenómeno favorece la difusión masiva de posiciones extremistas.
  2. Porque las redes sociales tienden a crear silos ideológicos (seguir sólo a quien piensa como nosotros y refuerza nuestras posiciones) y no fomenta el debate constructico sino el linchamiento colectivo.
  3. Porque cada vez tenemos menos confianza en los medios de comunicación, algo que aprovechan los políticos para desacreditar cualquier información que les perjudique (esto lo hace mucho Trump).
  4. Porque ser riguroso no es rentable con el actual modelo publicitario basado en el clic (¿para qué pasarme semanas preparando un artículo de investigación cuando voy a recibir más clics con una galería de famosos y sus operaciones de estética?).

El enfado diario

Uno de los efectos secundarios (o quizá primarios) de las fake news y de la incitación al odio es que sacan lo peor de las personas. Ese tweet deseándole la muerte a alguien, esa noticia negando el cambio climático, ese fotomontaje cutre de Facebook riéndose de alguna minoría… pueden acabar por amargarte el día y aunque sólo sea para que la gente no esté un poco más enfadada y triste cada día, hay que hacer algo.

Este rollo será el último en una buena temporada, a partir de ahora me enfocaré en temas de productividad, un tema que me está enganchando cada vez más.

 

 

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