Los algoritmos son un arma muy potente que controla lo que veremos o no veremos en nuestro día a día digital. El algoritmo de Google decide qué páginas son relevantes para las búsquedas que hacemos, el algoritmo de Facebook decide por ti qué es lo que te interesa saber sobre tus amigos, temas y marcas que te interesan, el algoritmo de Netflix te aconseja que series te pueden gustar más, el algoritmo de Amazon te aconseja productos que puedes necesitar…

Un algoritmo recoge una serie de datos sobre tu consumo de contenidos (o productos) a lo largo de un periodo de tiempo, luego les aplica una serie de fórmulas para determinar cuáles son tus preferencias y genera una lista de los resultados que con más probabilidad te van a gustar (pueden ser posts en redes sociales, música, películas, libros…). En el caso de Google el algoritmo recoge una serie de datos sobre la autoridad de la página (número de enlaces, menciones, calidad de los contenidos, relevancia…) y le asigna un valor que luego determinará su posición en las búsquedas.

Los algoritmos tienen mucho poder y por eso a veces dan un poco de yuyu. Por supuesto, todas las grandes corporaciones de Internet aseguran que los suyos completamente imparciales y que no hay ninguna intención de favorecer unos contenidos o productos sobre otros por intereses comerciales. Sin embargo, la tentación es demasiado fuerte y sabemos que a veces han sucumbido.

Twitter lanzó la idea de abandonar el orden cronológico de los tweets y empezar a aplicar un algoritmo para dar prioridad a unos tweets sobre otros. Aunque la idea no cayó bien entre muchos usuarios, al final lo han aplicado (desde febrero pasado). Uno de los últimos bastiones del timeline con orden cronológico por defecto ha caído finalmente.

El problema de los algoritmos es que limitan la diversidad. Siempre tendemos a interactuar y valorar más aquellas visiones y usuarios con los que estamos de acuerdo y el algoritmo lo percibe y lo refuerza. El resultado es que otras visiones son enterradas al final de la cola de nuestro timeline de modo que sólo estaremos en contacto con aquello con lo que estamos de acuerdo. Es el ghetto digital moderno.

Uno de los casos en los que los algoritmos están teniendo más éxito son los motores de recomendaciones. En concreto el caso de Spotify y su Discover Weekly es de los más sonados. Cada semana los usuarios de la plataforma de streaming musical más grande del mundo esperan su dosis semanal de sugerencias personalizadas. Y por propia experiencia  Spotify está dando en el clavo. Discover Weekly consigue un buen balance entre recomendarnos estilos y grupos que ya te gustan con otros estilos y grupos nuevos que nos permitan explorar más allá de nuestro territorio conocido.

Otro motor de recomendaciones muy potente que ha encontrado un montón de cosas que me interesaban y que me ha hecho gastar un montón de dinero es el de Amazon. Cada semana recibo varios emails con recomendaciones basadas en mi Lista de deseos y en lo que ha comprado gente que ha comprado lo mismo que yo… con frecuencia dan en el clavo. Mucho más potente y menos molesto que el remarketing (aunque mucho más difícil de desarrollar).

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